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Nuestros hijos y las Redes Sociales

Nuestros hijos y las Redes Sociales

Desde hace quince años, las redes sociales forman parte de nuestra vida cotidiana. Si entraron en nuestras vidas cuando nosotros, padres y educadores, ya éramos adultos, existen desde el nacimiento de nuestros hijos, que siempre han crecido con ellos (Facebook nació en 2004…). Dediquemos unos momentos a comprender lo que está en juego y las decisiones que podemos tomar para acompañar a nuestros hijos.

¿Por qué nuestros jóvenes entran en una red social (digital)?

Abrir una cuenta en una red social está permitido a partir de los 14 años en España (15 en Francia). Según sus propias palabras, nuestros adolescentes se registran principalmente porque “todo el mundo está allí”, luego para informarse, para comunicarse (actualmente Instagram se utiliza más para comunicarse entre sí que el teléfono o los mensajes) y para pasar el tiempo. Desde un punto de vista neurológico, cuando un adolescente ve un like en uno de sus posts, se activa el sistema de recompensa en el cerebro, con la liberación de dopamina, la “hormona de la felicidad”; para activar de nuevo este circuito de recompensa, se necesitan más likes, y cada vez se necesitarán más, haciendo a nuestros hijos cada vez más adictos.

Por otro lado, su índice de popularidad depende de su número de “seguidores”. Trabajan como auténticos community managers para aumentar el número de seguidores, poniéndose ellos mismos en escena. Se toman numerosas fotos para elegir la más gratificante (u organizar una votación para decidir qué foto publicar), se añaden filtros, luego un título, luego música, luego las “etiquetas” que generarán más visitas… Luego viene la espera del mejor momento para publicar, ¡necesitan que sus “seguidores” estén conectados para que la foto sea vista rápidamente por un máximo de personas!

Se utilizan otras estrategias ingeniosas para aumentar el número de seguidores, como seguir a alguien que no forma parte del propio entorno con la esperanza de ser seguido a cambio, comprar perfiles de seguidores falsos (personas reales a las que se paga por seguir cuentas, bots, que ahora son muy convincentes): estos “me gusta” no son sinceros, pero aumentarán el número de seguidores… Si no hay suficientes “me gusta”, al cabo de una hora los adolescentes pueden decidir borrar la foto. ¡Es mejor no publicar que publicar y no ser suficientemente visto!… ¡está fuera de lugar ser visto como un “perdedor” con sólo veinte likes!

Identidad digital y reputación digital

Desde el momento en que utilizamos una aplicación o una página web (registro, uso del correo electrónico o del número de teléfono), participamos en la construcción de nuestra identidad digital: son las huellas digitales que cada persona deja en cuanto se conecta. Los sitios y las aplicaciones registran las acciones realizadas durante la navegación: Lo que nos ha gustado, lo que hemos visitado, el tiempo que hemos pasado en una imagen concreta… sin que los jóvenes (o no tan jóvenes) sean conscientes de que están dejando estos rastros; sin embargo, han aceptado las condiciones generales de uso de la aplicación, dando su consentimiento para que todos estos datos sean utilizados, explotados, cediendo sus imágenes a estas empresas por tiempo indefinido… A partir de una treintena de “me gusta”, o de una foto de perfil cambiada regularmente, es posible identificar una identidad muy precisa (gustos, aficiones, opiniones políticas, creencias, lugares donde vivir o ir de vacaciones, etc.).

Si hace unos años esta información se utilizaba para orientar la publicidad, ahora condiciona el futuro de nuestros jóvenes. De hecho, las universidades, al igual que los bancos o los empleadores, consultan las identidades digitales de sus candidatos (el 86% de los empleadores miran las identidades digitales de los candidatos, y el 36% afirma haber eliminado candidaturas tras consultar estos perfiles).

¿Cómo acompañar a nuestros hijos?

Un primer paso es formarnos como padres, porque no somos ni conscientes ni conscientes de todas estas cuestiones, y no nos dejaremos guiar por niños que no necesariamente se hacen preguntas, ya que “todo el mundo lo hace”.

Desde muy pequeños, podemos acostumbrar a los niños a cuestionar la publicación o el envío de una foto preguntándoles sistemáticamente si están de acuerdo en que se envíe una foto suya a sus abuelos, tíos o tías… y respetando su decisión si no quieren compartir ninguna de las fotos.

Con los adolescentes, más que prohibición (que es tentadora), la palabra clave sigue siendo educación, para que utilicen estas redes de forma responsable y con pleno conocimiento de causa.

He aquí algunas garantías para crear un perfil responsable, que sirva para informar y comunicar:

  • Mantener un perfil privado (¡no con 1000 seguidores!)
  • No siga a alguien que tenga un perfil público, ni a alguien que tenga 1000 seguidores (seguir a esta persona da información sobre mí)
  • Sólo siga a personas que conozca personalmente (lo que excluye a los amigos de amigos)
  • No cargue su “vida entera” (los casos de usurpación de identidad aumentan cada día)
  • Borrar regularmente los mensajes y las fotos de las redes (por un lado, para evitar que se queden para siempre; por otro, sobre todo en la adolescencia, los amigos de un día no son amigos para siempre… una foto puede ser utilizada con malas intenciones años después de haber sido tomada)
  • Evite poner una foto de perfil, que siempre será pública.

Hágase estas tres preguntas antes de publicar, y en caso de duda, ningún post…

  • ¿Estarían de acuerdo mis padres en que publicara esta foto?
  • ¿Estoy de acuerdo en que mis futuros hijos puedan verlo?
  • ¿Quién más aparece en la foto? Como el rostro es un dato personal, está prohibido publicar una foto sin el permiso de la persona (o de sus padres en el caso de los menores de 14 años),

Para más información:

Artículo basado en la conferencia del Sr. Cánovas, director de Edukalike, a los padres del Liceo Molière, el 30 de noviembre de 2022

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