¡No le hagas caso!

6 diciembre 2019

Por Amor González, psicóloga escolar

Los miércoles por la mañana mi ritual consiste en llegar lo suficientemente temprano al Lycée para poder saborear tranquilamente un café mientras recorro los titulares del periódico.

Hasta ahí el propósito.  

La realidad es que la mayoría de los días se parecen más a una carrera de obstáculos. En escasos 5 minutos, pido, trago, pago un café y termino de completar la lista de las cosas pendientes antes de atacar la primera actividad del día.

En esas estaba cuando me atrapa la conversación de dos mamás. “No le hagas caso, déjale” decía una de ella.

Como un resorte me pongo en modo “on” y me entraron ganas de preguntarle: “¿Y ya está?

Como te puedes imaginar no lo hice. Seguí mi camino y en la primera reunión de la mañana ya estaba yo diciéndole a unos padres algo muy similar al “no le hagas caso”.

De hecho, es tan frecuente que lo diga que alguna vez he pensado redactar algún tipo de chuleta para entregar.

Pero de qué hablo yo cuando de hablo “No hagas caso”. 

Hablo de una técnica de modificación de conducta llamada extinción y que se emplea para la reducción, en frecuencia e intensidad, de determinados comportamientos.

Y como toda técnica para que obtenga los resultados esperados requiere ser usada siguiendo unas reglas y siempre ayuda conocer los principios en los que se basa.

¿Te imaginas aporreando el piano a la espera que salga una melodía harmoniosa? o ¿Metiendo todos los ingredientes a la vez en la paella esperando comer un arroz sabroso?

A que no funciona así. Hacen falta dos ingredientes: método y práctica. 

Y cómo un ejemplo vale más que 100 artículos académicos, te presento a Carmen1.

Carmen es una niña a punto de cumplir los 6 años, no para de moverse y suele salirse con la suya, hace lo que quiere y le gusta. No atiende y no cumple lo que el adulto le pide: “recoge tus juguetes”, “siéntate en la alfombra con los demás niños”, así todo el día y con todo.

Como es tan agotador perseguirla de continuo, el adulto a cargo, (padre, madre, abuelos, cuidadora, educadores…) de forma inconsistente le consiente que no haga lo que le manda

o le pide menos que a otros niños o bien termina haciendo por ella lo que tendría que hacer sola. Y cuando “¡Ya no puedo más!, castiga a Carmen. 

¿Y qué ha aprendido Carmen? 

Que no hay reglas.  

Y cómo actuar para no hacer lo que le no le gusta y seguir haciendo lo que le apetece. 

Como decía mi madre “nos torea a todos”.

Sin embargo, esta mañana, Maite la profesora de gimnasia, se armó de paciencia y decidió “no hacerle caso” a Carmen.

Cuando termina la clase y llega la hora de salir al patio, Carmen corre en el sentido contrario a la puerta, observa a Maite y espera. Cuando Maite la llama, da la vuelta y se va, mira hacia atrás para ver cuál ha sido la reacción de su profesora.

Ya conoce cómo funciona la cosa: ella no obedece y Maite le dice, le repite y la persigue.

Pero esta vez Maite le dice solo una vez lo que espera de ella: “Carmen ponte los zapatos y el abrigo para salir al patio”. Hasta ahí todo bien.

Añade “No querrás que te los lleve yo”. Pues ni corta ni perezosa, Carmen le trae los zapatos a Maite(sic).

Así que Maite respira hondo dos veces y en vez de entrar en su juego, como quien no quiere la cosa deja los zapatos en el suelo, sale del gimnasio y se sitúa de espaldas a la puerta. 

Unos momentos de incertidumbre transcurren.

Maite entre preocupada y exasperada dice: “¿tendré que ir a buscarla, correr detrás para que salga como si fuera un juego, enfadarme y gritar hasta que coja sus cosas y venga con los demás niños?”.

Pero no, Maite permaneció hablando como si no le importara que Carmen no saliera. 

Mientras, la niña se asoma a la puerta y mira, pero Maite está de espalda. 

Así que, como esta vez, Maite “no le ha hecho caso” Se va a buscar sus cosas.  Se sienta sola para calzarse y sale con su abrigo. 

Cuando Maite se va, pasa “involuntariamente” cerca de Carmen y la felicita por haber salido al patio y haberse arreglado sola. 

Esta vez ha sido diferente, Carmen ha ganado la atención del adulto por hacer lo que se espera de ella.

¿Por qué ha funcionado en esta situación “No le hagas caso”?

Si te interesa, te lo cuento en detalle en el próximo post. 

¡Ah! Y si piensas que con esto no está todo ganado, estoy totalmente de acuerdo contigo. 

Pero es que el camino para llegar a la meta no se recorre con un solo paso. 

amor.gonzalez@lyceefrancaismoliere.es