Mr. Wonderful y el unicornio feliz

20 octubre 2019
Por Amor González, psicóloga escolar

Esta mañana he tenido una reunión con una madre preocupada por la baja autoestima de su hija. Me contó que habían trabajando en ello y funcionado bien, sólo que había durado poco. Lástima.

O tal vez sea que esto de la autoestima no funcione así, a base de mensajes persuasivos, de sonrisas en el espejo, de quiérete mucho y de qué listo y qué guapa eres ¿Te has fijado que fácil es seguir cavando en el pozo de los estereotipos? Él es el listo y ella la guapa. Bueno esa es otra historia y me estoy desviando.

Y yo me pregunto: y si no eres guapa, ¿qué pasa contigo?, ¿que no puedes aspirar a una vida plena? Que o bien eres guapa y eso te da permiso para vivir feliz, o bien te convences a ti misma de que lo eres, lo cual supone en sí mismo asumir que no lo eres pero que te lo tienes que creer (vaya lío). ¡Engáñate y dite que eres guapa!

Ídem de lo mismo con lo de listo o cualquier otro atributo.

Resulta que no hay nadie que se crea este tipo de mensajes pasadas las primeras 24h después de haber acabado de leer el último libro de autoayuda o más allá de las 48h siguientes después de la última sesión de xxxxxxxx, que todo lo cura.

Y rizando el rizo, puede que te quedes enganchado al mantra, repitiéndotelo y además con el sentimiento de culpa que algo estas haciendo mal porque a ti no te esta funcionando (sic). 

Aceptarte como eres no pasa por hacer ejercicios de contorsionista para encajar dentro del corsé de unos estereotipos fruto de modas, ideologías o intereses de distinta índole. 

Porque, fíjate por donde, que mientras estás discutiendo contigo para convencerte de que eres guapa, listo o lo que sea que te gustaría que fueras, estas en la lucha contigo mismo. Abandonas por un momento las riendas de lo que realmente te importa para mirarte el ombligo y machacarte con mensajes de autoafirmación en contra de lo que piensas y sientes.

Así que resulta que hay algo en ti que no está bien, que tienes que cambiar, que no debieras ser o sentir. Un mensaje muy poco compasivo, aunque venga disfrazado de piel de cordero: ¡Quiérete! ¡Tú sí que vales!

Tener baja autoestima correlaciona con una serie de problemas, no lo voy a negar, pero intentar elevar artificialmente la baja autoestima tiene su propio correlato, como tendencias hacia el narcisismo, el comportamiento antisocial y evitar actividades desafiantes que pueden amenazar el autoconcepto.

Así que ¿Qué tal si en vez de gastar esfuerzos en intentar convencerte, pones foco en aprender a afrontar situaciones difíciles y aceptarte con compasión? 

Y si dejamos de comprar libretas, llaveros y tazas de Mr. Wonderful con unicornios improbables (además de que te ahorras una pasta) y reconocemos conscientemente que como seres humanos tenemos dudas, que todos fallamos de vez en cuando, y sufrimos.

Que no somos ideales perfectos y que para nada esto significa que no podamos vivir una vida de significado, propósito y compasión por nosotros mismos y los demás.

Si queremos que nuestros hijos lleguen a ser individuos maduros, exitosos, funcionales y mentalmente saludables, fomentemos la flexibilidad psicológica2 frente al apego a narrativas, pensamientos, conceptualizaciones del yo rígidas y poco adaptativas.  

Y de flexibilidad psicológica y lo que nos ofrece va estas reflexiones.

PS: me releo y aparece el pensamiento de la duda ¿me estaré explicando? Puede que si o puede que no, pero lo voy a dejar aquí. Mi mente inquieta me está diciendo que no esta bien que podría hacerlo mejor. Es como si nunca estuviera satisfecha y me advierte de todo lo mal que puede salir. Así que la escucho y paro aquí. Dejo abierta la posibilidad de que me preguntes en amor.gonzalez@lyceefrancaismoliere.es

1 Aquí me he autocensurado para no enemistarme ni herir susceptibilidades, mi miedo a quedar mal o a que me critiquen ha podido más que yo. ¡Que se va a hacer! No puedo ganar siempre. 

2 Flexibilidad psicológica, hace referencia a la posibilidad de contactar con los eventos privados que ocurren en el presente, al tiempo que elegimos bien abandonar o bien persistir en una acción que implica malestar pero que está al servicio de los valores que uno identifica como propios. 

Dicho de otro modo, ser capaz de persistir en lo que es importante para ti por ejemplo estudiar trigonometría, aún con el pensamiento de “no se me dan bien las mates”, “soy tonto” o “total voy a suspender”; salir con amigos, aún con el pensamiento de “no soy guapa”, “estoy gorda/delgada”, “no soy una persona interesante” y la sensación de nerviosismo y de malestar que puede conllevar salir con ellos.