Ceremonia de entrega de diplomas 2020

14 agosto 2020

El viernes 3 de julio tuvo lugar la ceremonia de entrega de diplomas a los bachilleres del Liceo francés internacional Molière en presencia de sus profesores y padres. La directora les dedicó un conmovedor discurso que transcribimos a continuación:

Los mayores, mis mayores

Nos reencontramos todos esta tarde, quizás de manera un poco inesperada, para nuestra tradicional fiesta de fin de estudios. Acabamos un curso especialmente extraño del que entrevemos un poco el final aunque sepamos que las consecuencias de esta terrible crisis no han hecho probablemente más que empezar.

No obstante, esta tarde seamos completamente positivos y mantengámonos juntos. Hagamos un pequeño recorrido hacia la salida del Molière para vosotros, mis mayores, que conocí pequeños en 2nde, en un tiempo que me resulta ya lejano.

Desde hace tres años me encuentro tradicionalmente al lado de alumnos y profesores, frente a los padres, y me pregunto en qué piensan, una tarde como esta, ellos que tanto han sacrificado por sus pequeños, ellos que tanto han invertido para que tengan lo mejor, tanto en lo académico como en educación. Me pregunto en qué piensan y qué les gustaría decir, lo que les gustaría expresar.

Entonces, esta tarde he querido dar un paso a un lado e imaginar que este curso, lo que dure esta velada de graduación, soy madre de alumno en clase de Terminale.

Esto es lo que como madre de alumno hubiese dicho a mi hij@.

«Vete y vive», del título de una magnifica película israelí de 2005 que en dos palabras resume el pleno deseo de una madre a su hijo en un campo de refugiados.

Si fuese madre de Terminal esta tarde me acordaría del día en que te llevé a Maternelle por primera vez y mediría con pensamientos todo el camino recorrido desde tu primer babi de cuadros.

Recordaría los tiempos en los que te confié a otros brazos que los míos para que te llevaran hacia el mañana. La primera vez alguien más que yo secó tus lágrimas, escuchó tus risas, oyó tus primeras palabras en otro idioma distinto al mío.

Desde ese día cuánto camino recorrido, en el Molière o en otro lugar, a veces en otros lugares, a veces en otros idiomas distintos a los del Molière.

Hijo mío, hija mía, mi niño, ni niña, esta tarde damos la vuelta a una página de nuestro álbum de vida y pronto dejarás nuestra casa para lanzarte a nuevas aventuras. Estaré evidentemente a tu lado pero, inevitablemente, por tu parte, cada vez menos solicitada.

Hijo mío, no temas emprender tu vuelo, no huyes de nada, te vas simplemente.

La vida no resulta siempre fácil y como los demás, tendrás grandes penas y grandes alegrías, fracasos y éxitos. Todo eso tendrá sentido, al final, cuando viejo o vieja, te des la vuelta. No dudes porque la vida, sea cual sea, vale la pena ser vivida, plenamente, totalmente, sin resguardarse de los golpes porque también sería privarse de la felicidad que les sigue.

Si fuese madre de terminale esta tarde, me gustaría decirte: ve y no te des la vuelta, dibuja tu camino sin preocuparte de mí porque vayas donde vayas, estés donde estés, siempre estaré ahí, siempre podrás contar conmigo como lo has estado haciendo desde el día de nuestro encuentro.

Si fuese madre de terminale esta tarde te diría, hij@, llévate del Molière todo lo que puedas, nada fue sencillo pero muchas cosas empezaron ahí. Ahí recibiste valores y atención, cuidados y alientos, broncas y a veces castigos, no importa. Ahí también has aprendido a trabajar duro, a organizarte, a sobrevivir a los exámenes en ráfagas de 10, a responder al estrés por la eficacia. Ahí aprendiste lo que te servirá para la Universidad y un día, con quizás un poco de nostalgia, te acordarás de esos tiempos. Esos en los que los adultos tomaban decisiones por ti. Tendrás que volver para dar noticias de ti y explicar tu camino a los más pequeños.

Salimos de un confinamiento muy duro y este periodo tan extraño nos ha enseñado aún mejor que para ver crecer a un hijo se necesita toda una comunidad. Es en esta comunidad en la que has crecido, entre tus padres que nos han honrado con su confianza y tus profesores que han tenido hacia ti exigencia a la altura del respeto que te tenían.

El confinamiento ha estrechado los lazos entre todos y, juntos, hemos aprendido nuevas palabras tan extrañas como fue la primavera: meet, call, drive, formular, classroom, link y no sigo más. Este nuevo idioma ha construido puentes entre todos nosotros, los adultos y los niños, y salimos de ello reforzados, engrandecidos, de todo lo que, muy a nuestro pesar, hemos aprendido.

Para acabar, si fuese madre de terminale esta tarde, daría las gracias a la COVID-19 que nos ha permitido, a ti y a mí, vivir 11 semanas juntas, 24 horas al día, un tiempo valioso que no había compartido desde tu nacimiento, un tiempo en el que volvimos a aprender sobre nosotras mismas, de nuestra relación, un tiempo bendito en el que te he descubierto, casi adulta, ya tan fuerte, ya tan poderosa, y si fuese madre de terminale esta tarde, estaría orgullosa de ti, de mí, de nosotros.

Vete, hijo mío, y vive

Valérie Servissolle, proviseur

Fotografía Damien Feron