La construcción colectiva del pensamiento

27 mayo 2017

Desde hace ya dos años, las profesoras Aurélie Delaporte y Cyrielle Le Marre ponen en práctica el debate filosófico con sus alumnos de CE2 (9 años), todas las semanas, en pequeños grupos.

No se trata, evidentemente, de cursos de filosofía para niños de primaria, pero sí de conducir a los alumnos en un proceso de reflexión sobre temas que afectan a la existencia.

Los debates-filosóficos permiten profundizar en un tema —ligado transversalmente a otras actividades de la clase— y desgranar la complejidad de una noción. Se trata de despertar en ellos en gusto por la reflexión.

En este sentido, la práctica del debate-filosófico está ligada inicialmente a la de la educación para la ciudadanía. Se busca propiciar la reflexión y la construcción del pensamiento; de escuchar al otro, tener en cuenta sus ideas y estructurar el pensamiento de forma colectiva.

Mme Papas, estudiante de magisterio en Bélgica que realizó este año unas prácticas en el Liceo Molière, prepara actualmente su tesis final sobre este tema y dice: «El aspecto filosófico es el de la argumentación y el cuestionamiento. Estos dos elementos nos permiten decir que se trata de un debate con finalidad filosófica”.

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Los roles y las reglas

.Antes de comenzar la sesión, los alumnos recuerdan las reglas, de esta manera:

« Soy libre de decir lo que pienso, siempre respetando a los demás »

« Puedo no estar de acuerdo pero debo, siempre, explicar porqué »

« Puedo hablar únicamente cuando tengo, en mis manos, el bastón de la palabra »

« Debo intentar dar definiciones y hacer preguntas a mis compañeros »

« Está prohibido burlarse »

El Secretario o Secretaria escribe las ideas que los alumnos expresan. El «amo del tiempo» controla que el debate se termine transcurridos los 12 minutos y el Presidente o Presidenta vela porque las reglas sean respetadas.

La maestra escribe una frase en la pizarra que invita a los alumnos a reflexionar.

Nadie está obligado a opinar si no quiere (pasar la palabra).  Pueden  repetir lo que ha dicho un compañero o compañera si están de acuerdo con esa idea, así como apoyarse en las ideas de otros para refutar una idea o profundizar en ella.

Se puede estar en desacuerdo o no con las afirmaciones de los otros, pero está prohibido burlarse. No hay respuestas buenas ni malas. Cada cual tiene su opinión sobre un asunto y lo más importante es escuchar a los demás y enriquecer el debate reflexionando en grupo.

La maestra está fuera del círculo y no puede intervenir en ningún momento del debate. Únicamente intervendrá al final de la sesión para resumir y ayudar a los alumnos a clarificar o profundizar sobre lo que se ha dicho. «Es también el momento de ayudarles a comprenderse entre ellos cuando surge algún malentendido. El balance se hace respetando las mismas reglas del debate”, explique Mme Delaporte.

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Los temas

Al principio los temas a tratar fueron simples, ligados a la convivencia en clase: ¿Qué es el respeto? ¿Por qué, a veces, mentimos? ¿Por qué a veces tenemos ganas de burlarnos?

Luego de varias sesiones, debaten sobre temas más profundos: ¿Para qué sirven los padres? ¿Tenemos que ser como los otros? ¿Por qué crecemos? ¿Qué es realmente importante en la vida para ser feliz? ¿Quién es Dios? ¿Qué opinas sobre la libertad? ¿Por qué morimos? ¿Debemos enorgullecernos de nosotros mismos?  ¿Qué piensas sobre el miedo? ¿Podemos aprender riendo? ¿Tenemos derecho a desobedecer? ¿Para qué sirve la cortesía? ¿Qué son los sueños? ¿Podemos pasar de sentirnos desgraciados a sentirnos felices? ¿Por qué los humanos viven en la Tierra? 

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Muchas ventajas

Las ventajas son evidentes. Para empezar, el debate desarrolla las competencias lingüísticas, discursivas y pragmáticas. «Los alumnos aprenden a expresarse claramente para hacerse comprender por los demás” explica Mme Papas. 

La segunda ventaja es el desarrollo de la escucha entre entre ellos. Según Madame Le Marre, “están particularmente atentos a los detalles y matices de los discursos de sus compañeros durante el debate. Luego, en clase, la escucha y el respeto al otro cuando tiene la palabra mejora a lo largo del año gracias a esta práctica regular”.

De hecho, se observa un desarrollo a nivel de la alteridad (el descubrimiento de la concepción del mundo y de los intereses de un “otro”). Los alumnos, tienen en cuenta las intervenciones de los otros y las utilizan para construir sus propios discursos. Se posicionan en relación a sus compañeros.

“Los alumnos adquieren confianza en sí mismos para hablar en público (incluso los más tímidos empiezan de un momento a otro a expresarse). Aprenden también a hacer respetar las reglas en el seno del debate de forma autónoma, sin que la maestra tenga que intervenir. Se enorgullecen de poder debatir solos, sin la ayuda de un adulto. La libertad de expresión, en el respeto de las reglas claras establecidas, permite también disfrutar del «estar juntos» y discutir con serenidad», concluye Mme Le Marre.