Dejar para mañana (Parte 2): Con gafas de aumento

24 marzo 2020

Por Amor González, psicóloga escolar

(Si no has leído la primera parte, haz clic aquí)

Te voy a regalar unas gafas de aumento. 

Si te acostumbras a llevarlas empezarás a ver ciertas coherencias entre la maraña de “lo que quiero hacer pero no” y la confusión de lo ”que hago pero tampoco me vale”.

Pongámonos en situación:

– Yo: ¿Te acuerdas de la propuesta que te hice en el post anterior? 

-Tu: Si

-Yo: Genial, vamos a verlo.

-Tu: No

– Yo: Ok, vamos a empezar por el principio.

Vete a una situación reciente, o a una que recuerdes especialmente bien, en la que te hayas visto dejando pasar horas, días, incluso semanas, sabiendo que tenías algo pendiente que hacer: una llamada a tus padres, estudiar las oposiciones, salir a correr … Añade aquí tu propia experiencia. 

Concéntrate bien y mira lo que pasa en ese momento, como si tuvieras una lupa, como si fueras a escribir un guion de cine para que Almodóvar lo llevara a la gran pantalla. 

Si tienes imaginación y te gusta fantasear ponle un título “Lo que el tiempo se llevó” “Mi vida sin mí, cuando tengo que hacer los deberes” “Estoy más hundido que el Titanic” o “Adrián Potter, prisionero de mí mismo”. 

Vale ya está bien de divagar.

Ahora dibuja en un folio 5 casillas, rellena en cada una de ellas con la siguiente información:

  1. Casilla: SITUACION

Describe el momento en que tendrías que hacer la actividad. Dónde estás, con quién, etc.

Por ejemplo: llego a casa después de un día en el cole. Meriendo, descanso un poco, sé que tengo que estudiar, estoy solo en mi habitación.

  1. Casilla: SIENTO Y PIENSO

Ahora lleva la mirada hacia ti.

¿Qué sientes?  ¿Qué pensamientos acuden a tu mente?

Fíjate bien en las sensaciones, emociones y pensamientos. 

Vienen todos juntos y a veces son tan rápidos y automáticos que ni nos damos cuenta.

¿Qué sientes cuando tienes que coger el teléfono, o cuando llega la hora de abrir el libro o de hacer la tabla de abdominales? ¿Tienes ganas de marcar el número de tus padres y exponerte a la retahíla de preguntas que te van a hacer? ¿Te apetece llegar a casa y ponerte 1h a hacer los deberes? ¿Apagar Netflix para salir a comprar y a continuación hacer la comida que tus hijos devorarán en dos minutos sin unas palabras de agradecimiento?

Si miras bien, verás que todas las tareas pospuestas tienen un componente en común.  En ellas hay algo aversivo, una molestia, un esfuerzo, pensamientos que te dicen que mejor dejarlo para después, que tendrás más ganas, o que tampoco es tan importante si no lo haces ahora … 

Unos y otros, emociones y pensamientos, te invitan a evitar el malestar y alejarte de lo que lo produce.

  1. Casilla: HAGO

Para eludir ese malestar, tú, yo, todos, hacemos cosas. 

Unas veces nos buscamos otras tareas aparentemente de interés como llamar a un amigo que está “hecho polvo” porque le ha dejado su novia y “para eso están los amigos” en vez de salir con tu mujer de compras situación que aborreces o te pones a arreglar las plantas del jardín porque estamos casi en primavera y después será tarde, en vez de llevar los niños a la enésima fiesta de cumpleaños de un compañero de clase…

Otras veces saltamos directos al placer a corto plazo, dando la espalda a lo que nos espera: echarme unas partidas de Fornite, ir a la peluquería que no puedo andar con estas canas, salir a comprar porque no tengo nada que ponerme en el armario, pasar horas en el Instagram mirando lo que han puesto amigos y conocidos y pensando que sus vidas molan más que la tuya.

Así que “Rien ne vas plus, les jeux son faits” y le dejamos a la ruleta de las emociones (la falta de ganas, él no me gusta) y al tobogán de las razones (luego lo haré, todavía hay tiempo, tampoco es para tanto) llevarnos lejos de aquellas actividades que tenemos que hacer y no nos apetecen, por otras más placenteras.

¿Te has parado alguna vez a contar cuántas horas se han ido delante de la playstation, cuando días has invertido mirando series, cuanto esfuerzo, mentiras y autoengaño has invertido mirando para otro lado? 

Después, frecuentemente nos sentimos fatal, culpable por ser un mal padre, una mala madre, un hijo irresponsable… 

Nos juzgamos duramente como incompetente, tonto, egoísta, desarmados frente a nosotros mismos.

No entendemos por qué hacemos lo que hacemos y esa falta de coherencia entre lo que hacemos y lo que deberíamos hacer y lo mal que nos sentimos después, nos desespera y nos llena de confusión y frustración. 

Tal vez te hayas dado cuenta o tal vez no. Pero acabo de saltar de la casilla 3 de lo que hago, a la casilla 5, la de las consecuencias a largo plazo: Sentirme mal, culpable, impotente.

Vale tal vez no sea obvio. Volvamos un paso atrás.

  1. Casilla 4:  CONSECUENCIAS A CORTO PLAZO

Para entender lo que te pasa tienes que mirar a las consecuencias inmediatas.

¿Qué pasa cuando decides hacer otra cosa?

Vuelve otra vez a la situación que habías elegido para examinar. 

¿Qué sientes cuando te enfrasca en esas otras tareas, INMEDIATAMENTE después de haber renunciado a hacer lo que tienes que hacer?

La mayoría de nosotros sentimos alivio cuando escapamos de aquello que no nos gusta ni apetece y/o tememos (miedo al fracaso, miedo a la mirada de los otros, etc).

Las consecuencias a corto plazo, esas, siempre o casi siempre, son apetitivas, un alivio, un placer, un descanso, o simplemente te resultan menos aversivas que lo que te supone el hacer lo que tienes que hacer. 

Ayudado por tu “mente generadora de razones” que te dice que ya lo harás después, que total no es para tanto, que tú también tienes derecho a descansar y que la vida no va a ser solo cumplir con las obligaciones, caes en la trampa del corto plazo.

Sí. Ahí lo tienes.

Tu mente es muy sabia y las trampas que te pone se disfrazan de sabios consejos o se viste de autocuidado.

¿Quieres saber cómo no caer el enredo?

Te espero en el próximo post. 

Prometido será el último.