SOS abejas en extinción, humanidad en peligro

SOS abejas en extinción, humanidad en peligro

Las abejas son insectos primordiales para el proceso del ciclo de la vida; no obstante, en la actualidad se encuentran en peligro de extinción.

El intercambio de polen entre las flores -polinización- ayuda a que las plantas se reproduzcan y que diversos animales se alimenten. Esta reproducción vegetal depende únicamente de ciertos insectos, como abejas, moscas, mariposas, aves y murciélagos, que transportan el polen de las plantas. De ese modo, el ecosistema puede desarrollarse: se forma la tierra que da vida a los bosques; los bosques producen oxígeno, previniendo la erosión del suelo y regulando el flujo del agua; y la cadena alimenticia continúa su curso.

Cerca del 90% de las plantas silvestres y un tercio de los alimentos que consumimos depende de la polinización.  Sólo en Europa, más de 4.000 cultivos dependen de esta labor tan esencial. Y sin embargo, las abejas están desapareciendo.

Son muchas las amenazas a las que se enfrentan: cambio climático, pérdida y deterioro de su hábitat, cambios en el uso de los suelos, parásitos y enfermedades, pero nunca nada ha sido tan letal para ellas como lo son las prácticas de la agricultura industrial: monocultivos, plaguicidas, cultivos transgénicos…

La amenaza más importante para las abejas son los plaguicidas químicos tóxicos utilizados en la agricultura. Varios de ellos tienen efectos letales sobre las abejas; especialmente los que pertenecen al grupo químico conocido como neonicotinoides.

Según los informes de Greenpeace, las cifras del problema son contundentes. Las poblaciones de abejas disminuyeron en Europa un 25% entre 1985 y 2005. Pero también otras especies están padeciendo la misma suerte. Datos recientes revelaron que el 46% de las 68 especies de abejorros europeos están en declive y el 24% en peligro de extinción. También las mariposas. En las dos últimas décadas se han reducido a la mitad las poblaciones de mariposas de las praderas, según la Agencia Europea de Medio Ambiente.

Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés) ha mostrado que el declive de las abejas está ocurriendo en todo el mundo y que el resto de polinizadores están en la misma situación. De hecho, las recientes restricciones en la UE a cuatro insecticidas se basan en recientes evidencias científicas que confirman la nocividad de estos productos para las abejas. Además, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) ha expresado sus preocupaciones respecto a dos plaguicidas neonicotinoides, puesto que podrían afectar también el desarrollo del sistema nervioso de los seres humanos.

Si no se hace nada para revertir pronto esta situación, antes de que sea demasiado tarde, este declive de las poblaciones de insectos polinizadores implicaría una pérdida de productividad de la gran mayoría de cultivos e incluso la inviabilidad de otros. Esto supondría un incremento del precio de los cultivos que se pudiesen mantener y un cambio en la pirámide alimentaria. Podríamos polinizar a mano algunos cultivos con un interés comercial importante… pero, ¿quién va a polinizar el romero, el tomillo, las zarzamoras, los arándanos y un largo etcétera? A la abeja le bastan 2 o 3 flores como alimento para el día y sin embargo visitan 200 flores o más al día  cuando hay un campo florido.

Por tanto es imprescindible aplicar soluciones. Desde Greenpeace y su campaña #SOSAbejas nos explican que “el primer paso es prohibir los productos tóxicos para las abejas actualmente en uso, y hacer que la evaluación de riesgos de los plaguicidas sea mucho más estricta. Por otro lado, deben ponerse en marcha planes integrales de acción para salvar a las abejas. Y la solución definitiva es la adopción de la agricultura ecológica como única vía para una producción sostenible”.

Greenpeace trabaja para que la sociedad y los políticos entiendan la importancia que tienen las abejas y otros polinizadores y las amenazas a las que se enfrentan. Tienen en marcha una recogida de firmas para pedir al Gobierno de España que proteja a las abejas y demás polinizadores y apoye decididamente la agricultura ecológica. Gracias a la presión ejercida por las miles de firmas, Greenpeace y otros colectivos han conseguido la restricción de cuatro insecticidas tóxicos para las abejas en la UE. Pero son prohibiciones temporales (dos años) y parciales (tienen varias excepciones), y todavía hay otros plaguicidas que amenazan a las abejas, por lo que nos invitan a firmar la petición y sumarnos a esta demanda.

¿Y desde casa, qué podemos hacer para proteger a las abejas?

Podemos cultivar plantas y flores en nuestras terrazas, jardines, azoteas. De esta manera estaremos contribuyendo a la vida, no sólo de las abejas, sino a la de todos los seres vivos. incluidos nosotros los humanos.

Debemos consumir productos ecológicos, locales y de temporada. Así fomentaremos un modelo de agricultura que favorece, entre otras cosas, a las abejas y los polinizadores.

Eco-educar. Aprender más sobre las abejas y tomar conciencia de su importancia se hace imprescindible. Es por ello que en estos días, en el marco de las 2ª Jornadas de Eco-ciudadanía, iniciativa de la Asociación de Padres (APAELM), los alumnos de 10 clases del Lycée français Molière asistieron a Talleres de Apicultura para aprender el fascinante mundo de las abejas. Hubo también un taller para adultos, que reunió a una treintena de padres y madres del Liceo.

El apicultor Angel Laborda explicó, mediante la exposición de imágenes, vídeos y colmenas rústicas (de pino, corcho, paja…) y modernas, incluida una habitada por 1.500 abejas, cómo nacen y se reproducen, como fabrican la miel y de qué manera el apicultor extrae sus productos: miel, polen, jalea real, propóleo.

Nos enseñó unas cuantas cosas curiosas sobre estos fascinantes insectos:
  • Hay dos tipos de abejas, las hembras y los machos. Los machos, zánganos (drones, en inglés) son haploides, nacen del óvulo de una hembra sin fecundar, sólo tienen la mitad de los cromosomas de su madre, una abeja hembra (reina). Las abejas hembras son diploides, como los humanos, fruto de un óvulo y un espermatozoide. El esperma de los machos lo conserva la abeja reina en un órgano llamado espermateca.
  • La recolección de miel data de hace, por lo menos, 7.000 años, como evidencian las pinturas rupestres halladas en la provincia de Valencia. La apicultura es otra cosa. Es el cultivo y cuidado de las colmenas de abejas, algo que ya hacían los egipcios.
  • Para apaciguarlas y poder acceder a las colmenas para extraer la miel, los apicultores rocían humo a las abejas. Esto les hace pensar que la colmena está a punto de ser destruida, por lo que se lanzan a comer todo lo que pueden y quedan tan llenas que les es casi imposible torcer el tronco para picar al invasor.
  • Las hembras obreras eligen larvas de menos de tres días de vida, cuando quieren sustituir a una reina no productiva, enjambrar para expandir la colmena o cuando ésta muere por enfermedad o ataque de depredadores (aves, osos). Este caso es conocido como reproducción natural. La reproducción dirigida por el apicultor consiste en crear núcleos huérfanos (hembras obreras, larvas y alimento), a las que se les introduce una reina criada por el apicultor o se les obliga a crear una “reina de emergencia”.
  • La larva se convierte en reina porque es alimentada durante 16 días sólo con jalea real (mientras que una abeja obrera sólo recibe este alimento durante 3 días). Las abejas obreras viven como mucho 60 días. La reina puede llegar a vivir 6 años, pero morirá sin haber visitado una flor, y pasará su existencia a la sombra y en la agitación de la multitud.
  • Las abejas reinas tienen un aguijón atrofiado, no pican. Los zánganos no tienen aguijón. Las abejas obreras inyectan el 50% del veneno en el instante de clavar su aguijón, el resto fluirá desde éste poco a poco. El aguijón tiene forma de sierra y en la mayoría de los casos la abeja no consigue recuperarlo, perdiendo en ese caso parte de sus órganos vitales y muriendo a los pocos minutos.
  • En una colmena que funciona bien, puede haber hasta 80.000 abejas en primavera.
  • Las abejas registran la temperatura con sus antenas. Cuando la temperatura es elevada las abejas denominadas “ventiladoras” se sitúan en la entrada de la colmena y baten sus alas 26.400 veces por minuto para expulsar el aire.
  • Las abejas pueden volar a un promedio de 22 kilómetros por hora. Una abeja puede llegar a volar 800 kilómetros en toda su vida.
Einstein decía: “Si las abejas desapareciesen, al ser humano le quedarían sólo 4 años de vida”.

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