El rosal de Morón

El rosal de Morón

Cuenta la leyenda que en Morón brota un rosal rojo todos los años, que en el mismo día crece y muere de nuevo.

Hace muchos años hubo un gran conflicto que dejó marcada la historia de este pueblo. Vivía allí Isabel González, hija de Don Alfonso, dueño de los olivares de la zona. Doña Isabel estaba prometida con el marqués de Cartagena, Don Alonso, en contra de su voluntad. Ella estaba locamente enamorada de Rodrigo, el amor de su infancia. Rodrigo era jornalero de su padre y el poco tiempo que tenía lo pasaba escribiendo poemas a su amada.

Todas las noches se veían bajo las ruinas de la muralla árabe. Él le leía sus poemas; estaban locamente enamorados pero era un amor imposible, pertenecían a clases sociales distintas y ellos estaban educados para aceptarlo así.

Una noche Rodrigo se armó de valor y le dijo a Doña Isabel:

‐  ¿Y si nos fugamos?

‐  ¿A dónde?

‐  Da igual el lugar mi amor, mientras estemos juntos da igual.

‐  Ese es el problema Rodrigo. Jamás nos dejarán estar juntos. Recuerda, me caso en dos días.

‐  Pues huyamos, mañana mismo. A Ronda o a Soria. Yo trabajaré, tendremos unos hijos preciosos y crecerán felices.

‐  Nada me gustaría más, mi vida, pero debo respeto a mi padre.

‐  Hagámoslo igualmente.

‐  Tengo miedo pero… sí hagámoslo.

Y sellaron su pacto con un beso.

Aquella noche, Rodrigo preparó todo para la huída. Estaba pletórico. No paraba de pensar en su amada.

Doña Isabel bajó al patio del castillo. Allí, preocupada, llamó a su madre pidiéndole consejo. Nadie sabe si fue magia o brujería, pero del pozo salió un espíritu que se acercó a Doña Isabel y le dijo en un susurro:

‐ Querida hija, eres bellísima. Podrías tener al hombre que quisieras. Sin embargo, estás enamorada, y contra eso nadie puede hacer nada. Sigue a tu corazón. Él te guiará sabiamente. He de irme. ¡Ten cuidado mi niña! – dijo el espíritu.

Doña Isabel decidió seguir los consejos de su madre y obedecer a su corazón.

Al día siguiente, Rodrigo llegó a la muralla que era donde habían pactado encontrarse y se sentó a esperarla. Pasadas dos horas y sin rastro de Doña Isabel, Rodrigo disponía a irse pensando que su amada se había olvidado de su pacto o que se había arrepentido de huir con él cuando entre los árboles apareció Don Alonso, el prometido de Doña Isabel.

‐  Ya me ha dicho mi prometida lo que planeabais – dijo él, con una sonrisa que brillaba siniestra bajo la luz de la luna. – No creerás que os dejaría escapar y que mi honra quedaría mancada, ¿no?

‐  Con todos mis respetos señor, yo la amo. Estoy enamorado de ella, y nada de lo que usted haga va cambiar mis sentimientos hacía ella.

‐  No es cuestión de que cambies nada. Simplemente entenderás que no puedo dejarle marchar así.

Don Alonso se acercó a Rodrigo y de una puñalada le arrebató la vida.

Unos minutos más tarde, Doña Isabel corrió hasta el lugar donde debía encontrarse con Rodrigo, con la esperanza de poder advertirle de que Don Alonso les había descubierto, pero cuando llegó era demasiado tarde. Se acercó al cuerpo sin vida de su amado y le besó por última vez. Al separarse de él, vio que en su mano había una hoja de papel, doblada. La abrió y leyó en voz alto:

“Amor, brilla en los ojos de mi amada. Y se torna gentil cuando me mira. Donde pasa, todo hombre al verla gira. Y quien ve, tiembla el alma enamorada. Vuestro siempre, Rodrigo”.

Con lágrimas en los ojos, Doña Isabel decidió que no quería vivir si no era a su lado. Así que arrancó el puñal que Rodrigo tenía clavado en el pecho, se tumbó a su lado y se quitó la vida.

De la sangre de los amados creció un rosal, y Morón fue conocido por todos en la península por la trágica historia de los dos amantes que perdieron sus vidas por la pasión que les unía.

 

Alejandra Jalón Y Guiomar Pescador (ganadoras del 1er premio del XXIII Concurso de Cuentos Infantiles y Juveniles 2015, organizado por el Ayto de Vva de la Cañada, en la categoría Educación Secundaria Redacción en Grupo)

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